INTROVERTIDOS

Los introvertidos han sido generalmente infravalorados, porque se les considera personas solitarias, poco habladoras, con miedo a ser rechazados, lentos, e insociables. Pero se ha demostrado que los introvertidos también son necesarios.

Los introvertidos son personas poco comprendidas. Se les suele considerar tímidos, raros, indecisos, poco participativos, sin interés por el poder o el liderazgo.

Se les critica, sean hombres o mujeres, porque huyen de actividades donde hay mucha gente. No les gusta participar en bromas e inhiben su espontaneidad.

La introversión y la extraversión influyen

Ser introvertido o extravertido va a influir en nuestra vida. Por ejemplo, en la elección de nuestros amigos, en la forma de relacionarnos con los demás y de resolver problemas, en elegir pareja, carrera, o en practicar deporte.

Estos dos tipos de personalidad han existido siempre, incluso en los animales. Aparecen ya en la Biblia y en los escritos de los griegos y romanos.

Lo cierto es que la humanidad necesita de ambos tipos de personalidad, aunque en nuestra sociedad se nos ha hecho creer que lo ideal es ser solo sociable y extrovertido.

Distintas preferencias

Los extravertidos son personas más activas y arriesgadas, no dudan al tomar decisiones, trabajan bien en equipo y les gustan los grupos.

Sin embargo, los introvertidos, suelen ser individuos más sensibles, más serios, más pensadores, aunque estos rasgos no se han valorado demasiado en nuestra sociedad.

Por el contrario, la extraversión se considera un tipo de personalidad modélica a la que todo el mundo debería aspirar. Se sobrevalora porque a los extrovertidos se les considera más inteligentes, más guapos y más interesantes como amigos o parejas.

Se ha demostrado, que los extravertidos practican más deporte, que son más infieles y que pueden hacer grandes apuestas. Los introvertidos suelen estar bien sin dormir demasiado y aprenden mejor de sus errores.

La introversión se considera negativa

Siempre han existido niños a los que les gusta jugar solos y en la época de la adolescencia se apasionan con la lectura, permaneciendo aislados durante largo tiempo. En la edad adulta, muchas personas prefieren trabajar solas y no en equipo y también son criticadas por ello.

“El rincón del introvertido” se creó en EEUU para enseñar a este tipo de gente cómo afrontar la incomprensión de una sociedad hiperactiva que incita al histrionismo social.

La escritora estadounidense Sophia Dembling afirmó: “Yo soy introvertida, pero no soy tímida, ni socialmente torpe, ni una inepta social. No odio a la gente, no soy antipática, no soy creída y soy perfectamente capaz de mantener una conversación. Incluso soy capaz de hablar en público”. Pero confesó que se sentía igualmente incomprendida.

Introversión y timidez

Susan Cain, escritora e introvertida, defiende a los introvertidos y justifica lo necesarios que son en la actualidad, como líderes potenciales. Diferencia entre lo que es la introversión y la timidez: la introversión es la preferencia por ambientes tranquilos, menos estimulantes, y la timidez es el miedo a ser rechazado por los demás, a recibir un juicio negativo.

Los introvertidos tienen más tiempo

Se ha demostrado que como los introvertidos no utilizan tanto tiempo en socializarse, se dedican más a aprender y, por tanto, leen más, se cultivan y conocen más temas.

Les gusta aislarse y eso les facilita el contacto con su yo interno, lo cual es fundamental para inventar, investigar, crear y alcanzar el éxito, como lo hicieron Darwin, Einstein, Van Googh, Newton, la autora de Harry Potter, etc. Se trata de gente tranquila y cerebral que sintoniza con su mundo interior  y con sus maravillas.

Les gusta trabajar solos. Los científicos reconocen que la soledad potencia el desempeño de los expertos. El trabajo en solitario obliga a uno a realizar todo el esfuerzo para terminar una tarea, porque esta depende solo de él.

Susan Cain insiste en potenciar el lado más calmado y tranquilo que toda persona posee, para beneficiarse de los rasgos introvertidos que todos tenemos.

Los introvertidos son poco habladores

Prefieren tener pocas conversaciones, pero cuando conversan profundizan más en el tema que les interesa. Un estudio del psicólogo de la Universidad de Arizona Matthias Mehl demostró que “la gente más feliz tiene conversaciones más profundas que la menos feliz”.

Los introvertidos, en general, son aficionados a la lectura, que también es una forma de relacionarse, ya que no deja de ser un acto social en el que el lector se relaciona de alguna manera con otra persona, sea con el escritor, o con los personajes del libro. De hecho, la lectura también sirve para mejorar las habilidades sociales, porque se normalizan situaciones y se fomenta la compresión de otras personas.

Los introvertidos saben escuchar

Escuchar es la clave para ser un buen líder y siempre se respeta más a un líder que escucha a las personas. Los introvertidos suelen ser discretos para alcanzar las metas y no les gusta discutir; normalmente, utilizan una forma tranquila y calmada para solucionar los problemas.

A esta forma de actuar, se le denomina “el poder suave”, el cual utilizaron Gandhi y la madre Teresa de Calcuta, que trataban de convencer y comprometer a las personas con su causa, pero a través de un poder suave, tranquilo y persistente.

Los introvertidos son necesarios

Sabemos que algunas de las mejores ideas, del arte y las invenciones, son debidas a los introvertidos. Sin introvertidos no hubiéramos tenido la ley de la gravedad de Newton, o la teoría de la relatividad de Einstein, o los nocturnos de Chopin, o las películas de Steven Spielberg, o Google, del que fue cofundador Larry Page, introvertido también, etc

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JUGAR

Montaigne dijo, en el siglo XVI: Los juegos infantiles no son tales juegos, sino sus más serias actividades.

El juego facilita la interacción del niño con el ambiente social, el cual, a su vez, condiciona las características de ese juego. Jugar es la actividad preferida de los pequeños y supone para sus vidas adquirir experiencias, trabajar su curiosidad, entretenerse y descubrir el entorno. Para el niño el juego y la vida son lo mismo, lo cual es muy saludable, porque ambos forman parte de su desarrollo. Y los adultos lo deben respetar y comprender, pues también ellos han sido niños.

En ocasiones, los juegos infantiles no se ven como algo positivo

A veces se consideran una pérdida de tiempo, una manera de pasar el rato, de distraerse o de dejar tranquilos a los padres. Pero esto es una percepción errónea, ya que a través del juego se satisfacen necesidades vitales de nuestra naturaleza inteligente. El niño, cuando juega, domina esa realidad por la que, el resto del tiempo, se siente superado. Por otro lado, los objetos denominados juguetes, sean muñecas, animales, coches, o cualquier otro tipo de cacharros, sirven para desarrollar y potenciar la capacidad de expresión y el resto de las facultades del niño.

Desde que el ser humano nace, está predispuesto a jugar

Los primeros juegos aparecen con el progresivo control que el niño logra de su cuerpo: agarra, chupa, golpea, etc. El niño trata de jugar con sus pies y sus manos. El juego surge de forma espontánea en el ser humano y, por medio de él, además de divertirse, comienza a entender y a explorar el mundo que le rodea. Por tanto, el juego no sólo favorece su desarrollo, sino que prepara al niño para la vida futura.

La evolución de los juegos en la infancia se asocia a las etapas del desarrollo

En primer lugar, según Piaget, el niño tiene necesidad de jugar, como estrategia para enfrentarse a un mundo que le desborda. Y a partir de los dos años de edad comienza con los juegos de ficción, en los que imagina situaciones y personajes como si estuvieran realmente presentes, lo que le permite dominar la realidad mientras juega. Al principio, estos juegos suelen ser individuales, aunque será al término de la etapa preescolar cuando aparezcan ya los juegos con reglas. El crío empieza a comprender entonces que las reglas y los límites son obligatorios para regular su interacción con los distintos compañeros de juego.

Para Piaget, la evolución del juego está en función de las estructuras cognitivas del niño y, en todo caso, su práctica es imprescindible para que se adapte progresivamente a la realidad de la vida.

En el juego, el niño es el verdadero protagonista

El juego es serio y útil para el desarrollo del infante, siempre que él sea su propio protagonista. De esta forma, se mantiene fuera de las exigencias y limitaciones de la realidad externa y puede entrar en el mundo de los mayores sin estar ellos presentes. Sin embargo, es bueno, también, que padres y educadores interactúen con él, porque así pueden aprovechar esa actividad lúdica para educarle, trasmitiéndole valores como, por ejemplo, el respeto, o la cooperación con los demás, o para enseñarle a perder y a ganar, desarrollando su tolerancia a la frustración.

Educar jugando genera más beneficios que una educación estricta

El juego ayuda a los pequeños a comprender su entorno y a controlarlo. Pero, hay, además, otros beneficios adicionales, como son el incremento de sus habilidades sociales, al tener que relacionarse y comunicarse con los demás, la reducción del estrés, la mejora del sueño y una regulación saludable de su peso. Sin olvidar que los juegos estimulan la mente, de modo que el juego activo no sólo contribuirá a tener niños más sanos, sino que, al mismo tiempo, esa sensación de bienestar les permitirá, después, concentrarse más y mejor en las tareas escolares.

El tiempo del juego es considerado, internacionalmente, como un derecho

El juego y el recreo son derechos básicos e inviolables de la infancia. El juego en sí es un aprendizaje agradable, que no sólo socializa al niño, sino que le familiariza con las reglas, límites y costumbres de su cultura y le facilita su maduración emocional e intelectual, al experimentar el sentido del poder, mientras elabora soluciones imaginativas e ideas nuevas en un contexto de esparcimiento sobre el que ejerce el control.

Los juegos han existido siempre

Los juegos han sido siempre muy importantes, tanto en la cultura universal como en la historia de la humanidad. En muchos de los yacimientos arqueológicos descubiertos (previos al año 4.000 a. C.), aparecen, con frecuencia, juguetes, o elementos relacionados con el juego. Asimismo, se comprueba el interés del ser humano por los juegos en numerosas obras de arte, desde los tapices de Goya a los lienzos de Renoir, así como en otras muchas manifestaciones artísticas y literarias.

Lo importante no son los juguetes, sino lo que se puede hacer con ellos

En los juegos, lo importante no son los objetos que se usan, en sí mismos, sino su capacidad para estimular la creatividad del niño. Por esta razón, aquellos juguetes fabricados por los adultos que convierten al pequeño en un mero contemplador pasivo, no son los más adecuados, por muy lujosos y caros que sean. Y es que a manipulación de juguetes es conveniente, porque activa la coordinación visual y motora, así como la imaginación constructiva, contribuyendo con ello a la formación en el infante de nuevas pautas de conducta que desembocarán, más tarde, en la adecuada reorganización de sus estructuras mentales.

VALÓRATE

VALORA TU PERSONA

La perfección humana no existe. La mayoría de las personas saben perfectamente cuáles son sus defectos y aprenden a vivir con ellos tratando de mejorarlos, porque todo se puede mejorar. Pero como, además de los defectos, tenemos también cosas positivas, es importante magnificar lo bueno y minimizar lo malo, ya que si nos fijamos más en lo que tenemos bien, lo que no está tan bien parecerá más pequeño; es como si decreciera.

Por otra parte, no hay que elevar esos defectillos que todos tenemos a la categoría de obsesiones o de complejos, entre otras cosas porque hacerlo lleva a que la persona se desequilibre emocionalmente y se bloquee, no permitiendo ser ella misma, limitando y deteriorando al mismo tiempo sus relaciones con los demás, sus habilidades sociales.

Por ejemplo, algunas personas son tan ingenuas, tan inocentes, que van pregonando a los cuatro vientos sus defectos, sin darse cuenta de las consecuencias lamentables que ese tipo de sinceridad suele tener; yo la suelo llamar “sincericidio”.

María, 24 años, al salir de la ducha observó a través del espejo que en sus muslos comenzaban a aparecer signos evidentes de celulitis. Empezó a preocuparse y en el trabajo, cuando estaba reunida con sus compañeras, se le ocurrió contarles lo que le obsesionaba. No tenía ninguna obligación de expresar a nadie su malestar por la celulitis, pero en su ingenuidad, hizo partícipes del mismo a todas sus compañeras de oficina. En numerosas ocasiones, contar los propios defectos a los demás trae como consecuencia que te identifiquen con tales defectos lamentablemente.

La naturaleza humana generalmente es así. Muchas personas se sienten reconfortadas con los defectos de los demás, y aunque saben que ellas también los poseen, no tienen reparos en hablar de los problemas de los demás, sintiéndose así de alguna manera a salvo.

En este caso, María se ha arriesgado a que un día en el que haya una reunión de todo el personal de la empresa, a alguna de sus compañeras se le ocurra preguntar por su celulitis, o hablar delante de todos de su complejo. Esta situación incómoda molestará a María y entonces se arrepentirá de haber confesado su problema y aprenderá que, aunque no todas sus amigas sean imprudentes, siempre habrá algunas que no calculan el daño que pueden hacer sus comentarios inapropiados, ridiculizando y humillando a la persona aludida.

Por tanto, hemos de tener cuidado a quién damos información sobre nuestra persona, y en particular sobre nuestra imagen, porque muchas veces lo que contamos a otros, esperando que nos comprendan, puede ser utilizado en contra nuestra, desestabilizándonos y creándonos desasosiego.

Hoy día, las personas son mucho más exigentes con la imagen que las generaciones pasadas. Creemos que es algo muy importante y casi todas las personas suelen cuidarla. Entre otras cosas es cómo nuestra tarjeta de visita de cara a los demás: “una imagen vale más que mil palabras”. La imagen dice muchísimo de una persona: si es ordenada, si es alegre, si es tímida o atrevida, etc., y ello incrementa la preocupación por nuestro aspecto físico, en particular, en el caso de las mujeres. No olvidemos que, desde siempre, las mujeres son “las deseadas” y los hombres “los deseantes”. Y, así, la mujer, por lo general, se arregla mucho más que el hombre, se preocupa mucho más por la dieta y está dispuesta a hacer sacrificios enormes para mejorar su aspecto físico, todo esto está potenciado por los medios de comunicación considerablemente.

Un estudio australiano que se realizó en el año 2008, en mujeres entre 13 y 28 años, demostró que el 86% de ellas se mostraban descontentas con su aspecto y se planteaban cualquier opción, incluida la cirugía, para cambiar de aspecto.

Entre las mujeres que están en desacuerdo con su físico, hay algunas se quejan constantemente sobre lo que para ellas son imperfecciones de su cuerpo, y esto acaba con la líbido de la mayoría de los hombres. Se preocupan en exceso porque sus muslos son demasiado gruesos, o por sus estrías, o por el típico rollito que se instala precisamente en sus cinturas, o por los puntos negros en la nariz, o por sus enormes traseros o pequeños pechos, etc., pero no saben que cuando un hombre está interesado por una mujer va a ver en ella, siempre, sus características físicas más deseables y que, para él, las imperfecciones que ella tenga no existen. Cuando a un hombre le gusta una mujer, y aquí la naturaleza tiene mucho que ver, la dopamina, y otro tipo de hormonas como la oxitocina, lo mantendrán tan drogado que cualquier defecto de ella le pasará desapercibido, como por arte de magia.

Por otro lado, los hombres valoran mucho la seguridad en una mujer, por tanto, lo que suele desencantarles no es el tamaño de alguna de las partes de su cuerpo, o sus contornos, sino el grado de inseguridad de la mujer sobre la percepción que posee de su propio cuerpo. Una mujer que va hablando de sus complejos, en realidad, está echando tierra sobre su propio tejado y pierde totalmente atractivo e interés para el hombre. Y es que todos debemos valorar primero nuestra persona, porque si no lo hacemos, no podemos tampoco esperar que los demás nos valoren. Si nosotros no nos queremos, no podemos esperar que los demás nos quieran. Es así de simple.

Y no olvidemos que, al mismo tiempo, debemos resaltar siempre la Calidad Humana, que está por encima de las diferencias, de la belleza, de la riqueza, e incluso de la inteligencia.

Así que, por tu bien, ¡¡VALÓRATE!!

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ALFOMBRA ROJA

ALFOMBRA ROJA

A veces, a alguna persona de nuestro entorno tendremos que ponerle alfombra roja, porque sentimos que influye negativamente en nuestro bienestar y este debemos defender siempre, por nuestro bien y por nuestra propia dignidad

Es necesario ser valientes para tomar esta decisión, pero no olvidemos que estamos aquí para ser felices, no para sufrir, ni para aguantar todo lo que nos echen, como algunos piensan, ni debemos permitir que nadie trate de amargarnos la vida y de quitarnos la alegría y las ganas de vivir.

Porque es imposible que toda la gente nos caiga bien, al igual que nosotros tampoco caemos bien a todo el mundo. Somos diferentes y es imposible conectar con todos por igual, esto es algo universal que debemos aceptar.

Gente que nos cae mal

En ocasiones, conocemos a personas que no nos gustan, no simpatizamos con ellas, no nos acaban de convencer, en definitiva, nos caen mal, nos sentimos molestos en su presencia, pero tenemos que entender que esto es algo natural e inevitable, que sucede cuando interaccionamos con los demás.

Un estudio británico descubrió algo muy curioso. Las Zonas Cerebrales de los humanos que se activan ante estímulos que provocan asco o miedo son las mismas que se activan cuando alguien nos cae mal. “El cerebro detecta de manera instintiva, o sólo por el aspecto físico, si una persona nos da buenas vibraciones o no. Es una cuestión de supervivencia, al igual que rechazamos alimentos en mal estado o situaciones que nos provocan miedo”.

Este descubrimiento, tiene mucho sentido, porque el ser humano trata de protegerse de lo que él detecta que va a ser algo negativo para su persona y su instinto le ayuda en ese reconocimiento.

Cuidado, podemos perjudicarnos

Cuando conocemos a alguien cuya conducta no nos parece apropiada, incluso nos molesta, y este comportamiento lo extrapolamos a toda la persona, comenzamos a mirarla con desagrado y termina finalmente cayéndonos mal.

Si esta situación se produce en el trabajo, probablemente, nos traerá problemas, porque no aceptamos esta realidad y nos sentimos incómodos, al compartir el mismo espacio con la persona en cuestión.

Además de perjudicarnos nosotros, también se perjudica nuestra imagen dentro de la empresa, de cara a los demás, por no saber abordar esta situación conflictiva más razonadamente.

Descubrir el por qué

Con frecuencia, podemos descubrir el por qué de nuestro malestar cuando comprobamos que, por ejemplo, en una reunión, siempre que hablamos, alguien (que suele ser el mismo) nos lleva sistemáticamente la contraria, digamos lo que digamos, o trata de infravalorarnos ante los demás, presumiendo siempre de que sabe más que nadie de cualquier tema.

Este tipo de situaciones, repetidas en el tiempo, son muy desagradables, y la gente trata de huir de ellas, porque preferimos ambientes más relajados, en los que la gente sepa escuchar y se respeten todas las opiniones. Todo el mundo tiene derecho a expresarse y es imposible saberlo todo.

En definitiva el ser humano busca sentirse bien en cualquier lugar, ya sea en el hogar, en el trabajo, en cualquier tipo de reunión etc., lo cual es totalmente lícito y deseable.

Resolver situaciones conflictivas sin agresividad

A pesar de todo, es necesario aprender a resolver los conflictos de forma racional, porque es fundamental relacionarse con sensatez, por el bien de todos.

A las personas conflictivas no las podemos cambiar, pero nosotros si podemos intentar afrontar estas situaciones de forma racional, no cayendo en sus provocaciones, sin dejar que nos desestabilicen emocionalmente, es decir, podremos sentirnos molestos, pero no terriblemente molestos o enfadados.

Por tanto, debemos evitar que el que alguien nos caiga mal nos perjudique dentro de nuestro trabajo, porque entre otras cosas, los de arriba, no confiarán en nosotros para acceder a puestos de mayor responsabilidad, por no saber controlar emocionalmente este tipo de situaciones. Tampoco nos conviene llamar la atención dentro de la empresa de forma tan negativa.

La relación con la persona que no nos agrada, que no nos simpatiza, debería de ser neutral y correcta, marcando distancia emocional, sin dejarnos llevar por la impulsividad y controlando la situación para que no nos perjudique a nivel personal y laboral.

La comprensión también es fundamental

La gente identifica, erróneamente, a las personas con sus comportamientos. Si una persona realiza un acto inapropiado o detestable, tendemos a pensar que la persona es indigna y detestable, pero, en realidad, un comportamiento indeseable no convierte al sujeto que lo ejecuta en una persona mala o indeseable.

No debemos olvidar que no debemos juzgar a las personas por sus comportamientos. Alguien puede tener en un momento dado un comportamiento desafortunado, pero ser una excelente persona en otro momento. Por tanto, hay que juzgar los comportamientos, no a las personas.

Con la comprensión podremos aprender mejor a relacionarnos con aquellos que no nos caen bien, intentando comprenderles, porque toda conducta tiene un propósito y si la persona tiene un comportamiento desafortunado hacia nosotros, el problema será suyo, no nuestro. De esta manera, veremos la situación desde una perspectiva más positiva, relativizando sin dramatizar.

El rencor deshumaniza

Hay un proverbio que dice: “HAZ COMO EL RELOJ DE SOL, QUE SÓLO MARCA LOS DÍAS CLAROS”. Es importante no guardar rencor, si algún amigo o compañero o familiar, nos agravia. Podemos terminar con él por un mero instinto de autoprotección, pero sin rencores ni resentimientos. Después de todo, la naturaleza concede, aun a los más afortunados, una limitada cantidad de energía para resistir al estrés y sería de necios malgastarla en la ira.

PERDONAR

CAPACIDAD DE PERDÓN

Perdonar es un acto de honestidad y valentía. Se ha demostrado que el perdón transforma la amargura en neutralidad e, incluso, se puede cambiar por un recuerdo positivo y esto nos produce mayor satisfacción en la vida.

Sin embargo, muchas personas se quedan atrapadas en el dolor, regodeándose en el sufrimiento de los pensamientos negativos, dándoles vueltas sin parar y, a veces, pensando en la mayor venganza posible hacia quien le ha ofendido, que ha de ser terrible, porque el ofensor se merece lo peor.

Por qué no se perdona

Cuando alguien se siente ofendido le es muy difícil pensar en el perdón, porque le parece algo injusto, algo que el ofensor no se merece. También cree que el perdón es como aceptar que el que ofende no es demasiado culpable.

Por otro lado, si le perdona ya no tiene sentido su venganza, cosa a lo que el ofendido se niega, porque cree que dicha venganza es el escarmiento necesario en estos casos y además cree que ejecutándola se va a sentir mejor, al devolver al ofensor el mismo sufrimiento que él ha padecido antes.

Perdón y salud

Si no se perdona al culpable, esta actitud repercute negativamente en el ofendido, porque entonces no se librará de la ofensa. Sin embargo, el perdón supone la liberación; es como dejar atrás algo negativo que no dejas que te siga perjudicando a lo largo de la vida.

Esto es muy importante para la salud física, sobre todo, la cardiovascular: ésta es mucho mejor en los que perdonan que en aquellos que no lo hacen. Hay una relación inversa entre el acto de no perdonar y la satisfacción en la vida.

Cómo perdonar

Martin Seligman ideó un método que denominó REACE.

R corresponde al recuerdo del daño que nos han hecho. Es importante intentar verlo de la forma más objetiva posible. No hay que ver a la persona que nos ha ofendido como alguien que es muy malo, ni tampoco es bueno regodearse en la autocompasión, porque eso alimentará más el rencor y las ganas de venganza y nos hace sentir peor.

E representa la empatía. Debemos ponernos en el lugar del ofensor. Intentar comprender por qué esa persona nos ha hecho daño y también intentar comprender si el ofensor sabía el alcance del daño que nos iba a producir; si era consciente de ello.

A corresponde al altruismo del perdón. Este es un paso difícil de poner en práctica. Debemos recordar que nosotros en alguna ocasión fuimos seguramente los ofensores, los culpables y nos sentimos perdonados. Nos tenemos que decir que somos capaces de superar el daño, que no es para tanto, y olvidarnos de la venganza que nunca es buena.

C representa el compromiso de perdonar. El rencor, el resentimiento, el afán de venganza, son todos sentimientos negativos, y sabemos que estos no nos ayudan en nuestra salud y en nuestro bienestar general. Es preciso ser generosos, pero no solo con el ofensor, sino principalmente con nosotros mismos, lo cual nos va a dar la oportunidad de seguir adelante con nuestra vida sin lastres que nos impidan vivirla con satisfacción y alegría.

E significa engancharse al perdón, porque de lo contrario seguiremos sufriendo el agravio. Hemos venido a la vida para ser felices y no debemos permitir que nadie nos la amargue y nos quite la alegría y las ganas de vivir. Porque la vida es lo más importante que tenemos y somos nosotros mismos quien debemos cuidarla con todo nuestro amor y no dejar que nadie nos haga daño, dándoles a los acontecimientos una importancia relativa, para que no nos afecten en nuestra vida.

Por tanto, perdonar no es olvidar, es, más bien, cambiar y relativizar los recuerdos para que no continúen afectándonos.

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GENÉTICA

Genética y salud

Es importante realizar pruebas genéticas para asegurar la Genética y salud

Es importante realizar pruebas genéticas para asegurar la salud y la normalidad de la descendencia.

Procrear es algo fácil. Todas las personas saben como engendrar un nuevo ser, por la unión de un hombre y una mujer atraídos por el instinto y compensados por la excitación y el placer producidos. Es algo natural, como la vida misma.

Sin embargo, la biología que acompaña a este proceso de la concepción y del desarrollo humano carece de interés para la mayoría de la gente, porque se piensa que desde siempre los niños han nacido sin necesidad de conocimientos científicos.

Todos los niños llegan al mundo básicamente del mismo modo, tanto en los países más retrasados como en los más avanzados. Por tanto, no parece necesario saber cuales son los mecanismos genéticos y fisiológicos que intervienen en la concepción y desarrollo de los hijos.

Las investigaciones han demostrado lo contrario

No obstante, las investigaciones biológicas han demostrado la importancia de estos conocimientos, porque con ellos se disminuye la mortalidad infantil y las taras hereditarias, como la hemofilia, la diabetes, la fibrosis quística, y otras enfermedades raras. Las parejas que decidan tener hijos, deberían someterse previamente a las pruebas médicas pertinentes, para tratar de evitar así males innecesarios en la especie humana.

Embarazos sin control

Las parejas no suelen cuestionarse la posibilidad de ser portadoras y de las consecuencias lamentables que esto puede ocasionar, al ignorar cualquier alteración genética.

Algunas parejas sí planifican cuándo quieren tener hijos, pero en general no se les ocurre consultar al ginecólogo antes de concebir y solo lo hacen después de que la mujer se queda embarazada.

Si lo hicieran antes, el médico les recomendaría, si es preciso, una consulta al genetista, porque existen parejas que sufren abortos sin tener una causa específica que lo explique, otras parejas no logran quedarse embarazadas y otras tienes niños con problemas.

La consulta genética es útil

Sobre todo, cuando en la familia ya existen evidencias de malformaciones congénitas, cuando se observa retraso mental o trastornos neurobiológicos o cuando en la pareja se producen abortos espontáneos, pues podría tratarse de alteraciones genéticas. Entre un 50 y un 60 por ciento de estos problemas se deben a alteraciones en los cromosomas.

Cuando los padres son mayores, el riesgo de concebir un bebé con malformaciones genéticas se incrementa y sabemos que el tres por ciento de los recién nacidos nace con alguna anomalía congénita.

Examen genético

El examen genético consiste en la realización de pruebas bioquímicas para descubrir la posible presencia de enfermedades genéticas, o de formas mutantes de genes asociados, que puedan desarrollar desórdenes genéticos.

Por tanto, el examen genético permite identificar los cambios  en cromosomas, genes o proteínas, es decir, cambios que generalmente están asociados con enfermedades hereditarias que ayudan a las personas a tomar la decisión de tener o no un hijo.

No es romántico, pero sí eficaz

Quizá estas pruebas genéticas preventivas no son muy románticas, pero son muy importantes y necesarias, porque está en juego la salud de los futuros hijos.

Incluso si la pareja está formada por personas sanas, pero alguno de los dos tiene un familiar afectado por un padecimiento genético, deberían por precaución hacerse la prueba genética antes de concebir. En Estados Unidos es una práctica habitual, porque la presencia de algún gen alterado podría poner en riesgo la salud y la vida del futuro bebé.

La genética suele actuar al azar, por tanto, los padres deberían tratar de disminuir los riesgos de traer al mundo un niño con problemas, disponiendo de los medios que en la actualidad tenemos para evitarlos. Porque, más vale prevenir que curar.

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CAMBIAR

PUEDES CAMBIAR TU VIDA

La mayoría de las personas tiene miedo a los cambios.

Los cambios suponen incertidumbre y el ser humano no sabe lo que le puede suceder. Si estará o no preparado para algo nuevo. Se siente inseguro y se resiste a ese proceso de cambio.

Pero el mundo está en constante evolución. Nada ni nadie puede mantenerse siempre igual. Desde el momento de su concepción el individuo está continuamente cambiando. Por tanto, el cambio forma parte de la vida misma y debemos aceptarlo plenamente sin miedo.

Afrontar el cambio como algo natural

Generalmente, cuando las personas se sienten cómodas en un entorno en el que controlan todo se acostumbran a la monotonía, a la rutina del día a día, sin sobresaltos ni incertidumbres. Por tanto, cualquier cosa que suponga la alteración de una situación totalmente predecible les puede crear inseguridad, ansiedad, y angustia. Porque suelen percibir el cambio como algo peligroso en sus vidas que puede desestabilizar su situación actual.

Pero no se dan cuenta de que la habituación y el acostumbramiento suelen ser limitantes, pues a causa de ellos, y del miedo al cambio, no se ven obligados a hacer cosas nuevas e interesantes, mientras que si dieran paso a la evolución en sus vidas podrían acceder a nuevos retos y nuevas emociones.

Vivir en una situación previsible y estable es agradable, pero puede ser perfectamente compatible con novedades y cambios que supongan un crecimiento personal y profesional y nos proporcionen, a la vez, la sensación de avanzar y de tener objetivos nuevos en la vida, lo cual es también muy gratificante, en todos los órdenes de la vida.

Date permiso para cambiar

Cuando aceptas vivir nuevas experiencias, aunque tengas que correr riesgos, y comiences a hacer cosas que para ti eran importantes, pero que nunca te habías atrevido a hacer por miedo al cambio y a la opinión de los demás, comenzarás a sentirte más viv@ y más segur@ de ti mism@, dando un mayor significado tu vida.

La vida está en constante evolución. Todo cambia muy deprisa y se ha demostrado que no es la especie más fuerte ni la más inteligente la que sobrevive, sino aquella que mejor responda al cambio, la que mejor se adapte. Por tanto, es necesario que haya gente, sin miedo a lo desconocido, dispuesta a cambiar, porque ello nos hará progresar y una sociedad que no progresa es una sociedad muerta. Debemos intentar que este mundo funcione para satisfacer las necesidades de todos los que habitan en él.

Formas parte de este mundo en rápido cambio

Ningún humano puede considerarse una isla. Formamos parte de un conjunto que está en proceso de cambio continuo. Todo en nuestro ser cambia: cambian las células, nuestro aspecto, nuestras actitudes, nuestros gustos, etc. Solo tenemos que observar cómo vestían nuestros antepasados y en qué condiciones vivían.

Por tanto, el cambio es algo implícito en el ser humano y, como hemos dicho, el cambio es una oportunidad de progreso, una forma de cambiar de paradigma, y si percibimos esto como algo positivo para la vida, nuestros comportamientos serán más motivadores y estimulantes y asumiremos riesgos con la vitalidad necesaria para alcanzar nuevos objetivos.

Es importante actuar

Cuando nos propongamos conseguir algo diferente, tenemos que tener claro de qué fortalezas y capacidades disponemos, a fin de marcarnos una meta accesible que podamos conseguir con nuestro esfuerzo. Esa meta tiene que ser razonable; exigirse demasiado puede ser contraproducente.

Porque cuando, en nuestro afán de cambiar, nos trazamos una meta demasiado difícil de alcanzar con nuestros propios medios y no la conseguimos, surgirá la frustración, el desánimo y la depresión, porque se pondrá de manifiesto nuestra falta de preparación para dicha meta inalcanzable. Y, al mismo tiempo, desperdiciaremos el camino que habríamos podido recorrer si nos hubiéramos centrado en otras metas más accesibles.

Debemos de ser realistas

Todos los cambios que se han realizado en la vida, no han ocurrido porque uno se haya planteado grandes objetivos para ello, sino que se han ido consiguiendo a través de pequeños cambios continuos y constantes, en el tiempo.

Imaginemos un trasatlántico que navega por el mar. Si el capitán decide cambiar medio grado el rumbo, al principio no se apreciará el cambio, pero al cabo del tiempo el trasatlántico nos puede llevar a un destino completamente diferente. Del mismo modo, nosotros, haciendo ahora pequeños cambios en nuestra vida, podremos conseguir logros que de otra forma no habríamos alcanzado.

Sabemos que la constancia y el tesón son fundamentales en la consecución de objetivos y que con paciencia, poco a poco, los logros que pretendemos se harán realidad. No obstante, no conocemos bien nuestras propias capacidades; no sabemos hasta donde podemos llegar si las utilizamos correctamente. La voluntad es más fuerte de lo que creemos, pero debemos utilizarla con precaución, exigiéndonos día a día lo necesario, dentro de nuestras posibilidades y no debemos tratar de conseguirlo todo de forma inmediata. Porque los cambios requieren tiempo, voluntad, paciencia, constancia y tesón.

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