JUGAR

Montaigne dijo, en el siglo XVI: Los juegos infantiles no son tales juegos, sino sus más serias actividades.

El juego facilita la interacción del niño con el ambiente social, el cual, a su vez, condiciona las características de ese juego. Jugar es la actividad preferida de los pequeños y supone para sus vidas adquirir experiencias, trabajar su curiosidad, entretenerse y descubrir el entorno. Para el niño el juego y la vida son lo mismo, lo cual es muy saludable, porque ambos forman parte de su desarrollo. Y los adultos lo deben respetar y comprender, pues también ellos han sido niños.

En ocasiones, los juegos infantiles no se ven como algo positivo

A veces se consideran una pérdida de tiempo, una manera de pasar el rato, de distraerse o de dejar tranquilos a los padres. Pero esto es una percepción errónea, ya que a través del juego se satisfacen necesidades vitales de nuestra naturaleza inteligente. El niño, cuando juega, domina esa realidad por la que, el resto del tiempo, se siente superado. Por otro lado, los objetos denominados juguetes, sean muñecas, animales, coches, o cualquier otro tipo de cacharros, sirven para desarrollar y potenciar la capacidad de expresión y el resto de las facultades del niño.

Desde que el ser humano nace, está predispuesto a jugar

Los primeros juegos aparecen con el progresivo control que el niño logra de su cuerpo: agarra, chupa, golpea, etc. El niño trata de jugar con sus pies y sus manos. El juego surge de forma espontánea en el ser humano y, por medio de él, además de divertirse, comienza a entender y a explorar el mundo que le rodea. Por tanto, el juego no sólo favorece su desarrollo, sino que prepara al niño para la vida futura.

La evolución de los juegos en la infancia se asocia a las etapas del desarrollo

En primer lugar, según Piaget, el niño tiene necesidad de jugar, como estrategia para enfrentarse a un mundo que le desborda. Y a partir de los dos años de edad comienza con los juegos de ficción, en los que imagina situaciones y personajes como si estuvieran realmente presentes, lo que le permite dominar la realidad mientras juega. Al principio, estos juegos suelen ser individuales, aunque será al término de la etapa preescolar cuando aparezcan ya los juegos con reglas. El crío empieza a comprender entonces que las reglas y los límites son obligatorios para regular su interacción con los distintos compañeros de juego.

Para Piaget, la evolución del juego está en función de las estructuras cognitivas del niño y, en todo caso, su práctica es imprescindible para que se adapte progresivamente a la realidad de la vida.

En el juego, el niño es el verdadero protagonista

El juego es serio y útil para el desarrollo del infante, siempre que él sea su propio protagonista. De esta forma, se mantiene fuera de las exigencias y limitaciones de la realidad externa y puede entrar en el mundo de los mayores sin estar ellos presentes. Sin embargo, es bueno, también, que padres y educadores interactúen con él, porque así pueden aprovechar esa actividad lúdica para educarle, trasmitiéndole valores como, por ejemplo, el respeto, o la cooperación con los demás, o para enseñarle a perder y a ganar, desarrollando su tolerancia a la frustración.

Educar jugando genera más beneficios que una educación estricta

El juego ayuda a los pequeños a comprender su entorno y a controlarlo. Pero, hay, además, otros beneficios adicionales, como son el incremento de sus habilidades sociales, al tener que relacionarse y comunicarse con los demás, la reducción del estrés, la mejora del sueño y una regulación saludable de su peso. Sin olvidar que los juegos estimulan la mente, de modo que el juego activo no sólo contribuirá a tener niños más sanos, sino que, al mismo tiempo, esa sensación de bienestar les permitirá, después, concentrarse más y mejor en las tareas escolares.

El tiempo del juego es considerado, internacionalmente, como un derecho

El juego y el recreo son derechos básicos e inviolables de la infancia. El juego en sí es un aprendizaje agradable, que no sólo socializa al niño, sino que le familiariza con las reglas, límites y costumbres de su cultura y le facilita su maduración emocional e intelectual, al experimentar el sentido del poder, mientras elabora soluciones imaginativas e ideas nuevas en un contexto de esparcimiento sobre el que ejerce el control.

Los juegos han existido siempre

Los juegos han sido siempre muy importantes, tanto en la cultura universal como en la historia de la humanidad. En muchos de los yacimientos arqueológicos descubiertos (previos al año 4.000 a. C.), aparecen, con frecuencia, juguetes, o elementos relacionados con el juego. Asimismo, se comprueba el interés del ser humano por los juegos en numerosas obras de arte, desde los tapices de Goya a los lienzos de Renoir, así como en otras muchas manifestaciones artísticas y literarias.

Lo importante no son los juguetes, sino lo que se puede hacer con ellos

En los juegos, lo importante no son los objetos que se usan, en sí mismos, sino su capacidad para estimular la creatividad del niño. Por esta razón, aquellos juguetes fabricados por los adultos que convierten al pequeño en un mero contemplador pasivo, no son los más adecuados, por muy lujosos y caros que sean. Y es que a manipulación de juguetes es conveniente, porque activa la coordinación visual y motora, así como la imaginación constructiva, contribuyendo con ello a la formación en el infante de nuevas pautas de conducta que desembocarán, más tarde, en la adecuada reorganización de sus estructuras mentales.

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s