CAMBIAR

PUEDES CAMBIAR TU VIDA

La mayoría de las personas tiene miedo a los cambios.

Los cambios suponen incertidumbre y el ser humano no sabe lo que le puede suceder. Si estará o no preparado para algo nuevo. Se siente inseguro y se resiste a ese proceso de cambio.

Pero el mundo está en constante evolución. Nada ni nadie puede mantenerse siempre igual. Desde el momento de su concepción el individuo está continuamente cambiando. Por tanto, el cambio forma parte de la vida misma y debemos aceptarlo plenamente sin miedo.

Afrontar el cambio como algo natural

Generalmente, cuando las personas se sienten cómodas en un entorno en el que controlan todo se acostumbran a la monotonía, a la rutina del día a día, sin sobresaltos ni incertidumbres. Por tanto, cualquier cosa que suponga la alteración de una situación totalmente predecible les puede crear inseguridad, ansiedad, y angustia. Porque suelen percibir el cambio como algo peligroso en sus vidas que puede desestabilizar su situación actual.

Pero no se dan cuenta de que la habituación y el acostumbramiento suelen ser limitantes, pues a causa de ellos, y del miedo al cambio, no se ven obligados a hacer cosas nuevas e interesantes, mientras que si dieran paso a la evolución en sus vidas podrían acceder a nuevos retos y nuevas emociones.

Vivir en una situación previsible y estable es agradable, pero puede ser perfectamente compatible con novedades y cambios que supongan un crecimiento personal y profesional y nos proporcionen, a la vez, la sensación de avanzar y de tener objetivos nuevos en la vida, lo cual es también muy gratificante, en todos los órdenes de la vida.

Date permiso para cambiar

Cuando aceptas vivir nuevas experiencias, aunque tengas que correr riesgos, y comiences a hacer cosas que para ti eran importantes, pero que nunca te habías atrevido a hacer por miedo al cambio y a la opinión de los demás, comenzarás a sentirte más viv@ y más segur@ de ti mism@, dando un mayor significado tu vida.

La vida está en constante evolución. Todo cambia muy deprisa y se ha demostrado que no es la especie más fuerte ni la más inteligente la que sobrevive, sino aquella que mejor responda al cambio, la que mejor se adapte. Por tanto, es necesario que haya gente, sin miedo a lo desconocido, dispuesta a cambiar, porque ello nos hará progresar y una sociedad que no progresa es una sociedad muerta. Debemos intentar que este mundo funcione para satisfacer las necesidades de todos los que habitan en él.

Formas parte de este mundo en rápido cambio

Ningún humano puede considerarse una isla. Formamos parte de un conjunto que está en proceso de cambio continuo. Todo en nuestro ser cambia: cambian las células, nuestro aspecto, nuestras actitudes, nuestros gustos, etc. Solo tenemos que observar cómo vestían nuestros antepasados y en qué condiciones vivían.

Por tanto, el cambio es algo implícito en el ser humano y, como hemos dicho, el cambio es una oportunidad de progreso, una forma de cambiar de paradigma, y si percibimos esto como algo positivo para la vida, nuestros comportamientos serán más motivadores y estimulantes y asumiremos riesgos con la vitalidad necesaria para alcanzar nuevos objetivos.

Es importante actuar

Cuando nos propongamos conseguir algo diferente, tenemos que tener claro de qué fortalezas y capacidades disponemos, a fin de marcarnos una meta accesible que podamos conseguir con nuestro esfuerzo. Esa meta tiene que ser razonable; exigirse demasiado puede ser contraproducente.

Porque cuando, en nuestro afán de cambiar, nos trazamos una meta demasiado difícil de alcanzar con nuestros propios medios y no la conseguimos, surgirá la frustración, el desánimo y la depresión, porque se pondrá de manifiesto nuestra falta de preparación para dicha meta inalcanzable. Y, al mismo tiempo, desperdiciaremos el camino que habríamos podido recorrer si nos hubiéramos centrado en otras metas más accesibles.

Debemos de ser realistas

Todos los cambios que se han realizado en la vida, no han ocurrido porque uno se haya planteado grandes objetivos para ello, sino que se han ido consiguiendo a través de pequeños cambios continuos y constantes, en el tiempo.

Imaginemos un trasatlántico que navega por el mar. Si el capitán decide cambiar medio grado el rumbo, al principio no se apreciará el cambio, pero al cabo del tiempo el trasatlántico nos puede llevar a un destino completamente diferente. Del mismo modo, nosotros, haciendo ahora pequeños cambios en nuestra vida, podremos conseguir logros que de otra forma no habríamos alcanzado.

Sabemos que la constancia y el tesón son fundamentales en la consecución de objetivos y que con paciencia, poco a poco, los logros que pretendemos se harán realidad. No obstante, no conocemos bien nuestras propias capacidades; no sabemos hasta donde podemos llegar si las utilizamos correctamente. La voluntad es más fuerte de lo que creemos, pero debemos utilizarla con precaución, exigiéndonos día a día lo necesario, dentro de nuestras posibilidades y no debemos tratar de conseguirlo todo de forma inmediata. Porque los cambios requieren tiempo, voluntad, paciencia, constancia y tesón.

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